lunes, febrero 08, 2010
Agua
Hace justo una semana llovía tanto, y tan fuerte, que de milagro llegué a casa. Tuve que dar un enorme rodeo y de camino, en un semáforo, el coche se paró. Sin tiempo ni temple para rezar, intenté arrancarlo y arrancó, y sólo cuando aparqué fui consciente de que me había librado de una buena. Al entrar, noté que el gato maullaba más que de costumbre y pensé que el diluvio lo tenía asustado. Error. Cuando encendí la luz para bajar la escalera que conducen al garaje descubrí que el agua llegaba ya al primer escalón, y que el retrete y el plato de ducha del aseo eran dos potentes surtidores. Paralizado por la impresión, pasaron unos minutos antes de que un vecino tocase en la puerta para animarme, como flamante presidente que soy de la comunidad, a autorizar que se llamase a una empresa especializada que achicase el agua de todos los garajes inundados, solidariamente, por igual. Me sentín un poco como Zapatero, urgido por las circunstancias y con temporal dentro y fuera de casa. Fue una noche larga y una mañana rara; me cansa hasta recordarlo. Todavía tengo sueño. Al final se fue el agua y quedó el barro. Sólo he perdido la lavadora. Al día siguiente el coche volvió a pararse en ruta, pero esta vez no volvió a arrancar. Llovía aún. Tras los cristales empañados, esperando a la grúa, me pareció no ser yo mismo. Lo llevaba todo con tanta tranquilidad que me di un poco de miedo.
miércoles, enero 27, 2010
Fe
También el alma, como el corazón, vuela. Pero vuela a ras de suelo y no se pierde entre nubes. Yo tengo una fe frágil y no quisiera perderla. Quiero decir que me gustaría que fuera siempre transparente y delicada como un vaso del mejor vidrio. Así que debo tener precaución, cuidarla incluso con temor y valorarla como un tesoro. Saber que es mía sin ser yo el dueño.
lunes, enero 25, 2010
Corazón
A veces hay que atar en corto el corazón, y mucho, porque se escapa como un globo. Henchido por el propio aliento, crece y crece hasta creerse libre. Mira uno hacia arriba y lo ve irse veloz, valiente e ingenuo; y llega un momento, generalmente inesperado, en el que se siente vacío el pecho. Un dolor delgado como un hilo recuerda entonces la imprudencia. Lejano y feliz como una cometa, hay que bajarlo de entre las nubes. En ese momento (y es un gran misterio) aterriza el cuerpo entero. Y se hace uno la promesa de no volver a dejarlo irse volando, confiado, como si el aire fuera un camino seguro.
miércoles, enero 20, 2010
Vanitas
Me he acostumbrado a tener un calendario de sobremesa, a mano derecha, y a mirarlo cada vez que quiero saber en qué día vivo. Con la crisis muchas empresas e instituciones han dejado de hacerlos, así que me costó conseguir uno: publicidad de viagra, en la farmacia. Resignado, lo coloqué en la esquinita del escritorio. Cosas de la vida, es más grande que los de otros años; y las viñetas, como procede, exaltan las virtudes de la pastilla. Durante días he tropezado inevitablemente con el dibujo de una barra de seguridad enhiesta a la que nadie puede bajar... En éstas, recibo una carta. Y dentro viene el calendario de un museo arqueológico. En la página de enero, una calavera hamletiana que apremia a poner los pies —y todo— en tierra. El de viagra me lo he llevado al trabajo. Para levantar el ánimo.
martes, enero 12, 2010
Macarra
Me dijo el otro día mi amigo N., tan formalito: Disculpa, Carlos, pero te has vuelto un poco macarra. Qué gran alegría, ¡ya se me nota! Como la barriguita a las embarazadas. Aunque yo lo que he hecho —y lo que me queda— es quitarme pesos de encima. Lo bueno del proceso es que los gramos perdidos parecen quintales, mientras que los gramos ganados resultan sólo gramitos. No pretendo alcanzar mi peso ideal: sigo teniendo miedo, y sigo estando a ratos triste y a ratos alegre. Tengo los pies en la tierra; a veces los arrastro y otras doy saltitos... Yo también me siento un poco macarra: pienso con mayor libertad, hablo con mayor libertad y guardo silencio con mayor libertad. Aunque esto de no escribir aquí desde el año pasado, lo sé, no está bien.
miércoles, diciembre 30, 2009
Mirador
Es un lugar especial al que se llega después de un paseo breve, encaramado en las montañas. Desde el mirador la panorámica es imponente, y ya la primera vez que fui me sobrecogieron la belleza del paisaje y la peligrosa atracción que ejerce el precipicio sobre el mar. Poco después un músico eligió el lugar para suicidarse y eso le añadió, cómo decirlo, fuerza y misterio. Siempre que vuelvo me acuerdo de él y al asomar la cabeza sobre la barandilla imagino cómo sería la caída. Desde hace semanas tenía ganas de volver y ayer cuadró la excursión con dos amigos. En apenas unos minutos la niebla lo cubrió todo y se formó ante nuestra mirada un arco iris que enmarcaba una especie de espejo: si levantábamos los brazos la sombra se proyectaba sobre él. Y con la misma rapidez, la bruma desapareció dejando ver de nuevo el acantilado y el mar. Qué expresiva metáfora —como la de los árboles que no dejan ver el bosque— la del paisaje oculto por las nubes, luego súbitamente recuperado. Durante este año que acaba he sentido algunas veces que no había por delante más que nubes; pero también he aprendido que para ver el paisaje sólo hay que tener un poco de paciencia y una barandilla en la que apoyarse.

viernes, diciembre 25, 2009
Felicidades
De camino al centro me rebasaron dos niños en bicicleta, felices y veloces. Uno de ellos gritó: «Caminante, no hay camino»; y el otro completó: «Se hace camino al correr». Y es verdad, el tiempo vuela. Después de una década haciendo de Papá Noel para mis vecinos y tras un intermedio de un par de años, esta Nochebuena hemos devuelto la broma a sus padres; me revestí de nuevo y repetí el rito. Partidos todos de la risa, esta vez los regalos fueron para los padres y fue inevitable que en medio de la broma me acordara de cuando los niños eran niños. El año que viene el mayor va a la universidad y el pequeño (13 años) tiene novia. Y yo seguía allí, vestido de Papá Noel como si no hubiera pasado nada, ni el tiempo. Pero está claro: se hace camino al correr. La cena en casa de mis abuelos fue también veloz y pronto estaba de regreso. Cuando dieron las doce, puse la figurita del Niño en el Nacimiento. Después de varias semanas de vísperas, ya —ahora sí— es Navidad. Felicidades.
jueves, diciembre 17, 2009
Esperanza
Todavía es víspera de la Esperanza. Y la esperanza es, al fin, víspera del misterio. Hoy escuché a alguien querido decir en público, en un acto académico, «ya no creo en ciertas cosas», como si la falta de esperanza fuera un logro inevitable. Y me acordé de nuevo de Cernuda. Qué pena siento cada vez que releo «Escrito en el agua», un poema excluido de Ocnos. Y qué miedo vivir «allá, allá lejos; donde habite el olvido». Hoy debo dar gracias por la esperanza.
miércoles, diciembre 16, 2009
Escapada
No es bueno que el blog esté solo. Lo sé, y siento cierto remordimiento por tenerlo tan abandonado. Y no es que no me pasen cosas, que no las sienta ni padezca, sino que por alguna razón que se me escapa antes escribía más. La estancia andaluza ha sido balsámica, bien que la echo de menos ahora que al regresar me he encontrado con un catarro: dos días en cama/casa.
Puestos a reconocer faltas, volví a pasar de largo por El Puerto de Santa María, en el tren de Jerez camino a Cádiz. Allí, en Cádiz, me esperaban la ciudad y el mar. Nos pusimos hasta arriba de vino y arte (barroco, principalmente); también de pescaíto. Tenía unas ganas tremendas de tomar cazón y lo cacé. En Jerez tenía la misión de volver a una taberna en la que había estado hace unos años, el tabanco de la calle de San Pablo. La primera noche, estábamos casi solos, pero nos advirtieron que a la siguiente sería la zambombada del tabanco, y allí volvimos: villancicos flamencos, moscatel, pestiños... Inolvidable.
Antes y después de la escapada gaditana-jerezana, Sevilla. La cabra tira al monte y yo tiro a Sevilla. Perdí la oportunidad de quedar con Rocío en un stand de maquillaje de El Corte Inglés. Quedamos por fuera, en las atracciones para niños... Al día siguiente se acababa la feria del libro antiguo y de ocasión; en la caseta de Renacimiento se me pusieron los dientes largos y compré varios libros de esos preciosos que editan ellos, por un precio muy económico. Si me los hubieran regalado no me habría alegrado tanto; debe ser un residuo de satisfacción bíbilica por haberlos pagado con el sudor de mi frente.
Quizá porque me voy haciendo mayor o, quién sabe, porque ya estaba incubando el catarro, paseé por Sevilla con cierta indolencia. Me rescataban de este relativo abandono dos cosas: lo desastrosa que está la ciudad patas arriba por todas partes y las palmeras. Ah, y un poema (por elegir uno) de Miguel d'Ors en uno de los libros regalados/comprados:

Puestos a reconocer faltas, volví a pasar de largo por El Puerto de Santa María, en el tren de Jerez camino a Cádiz. Allí, en Cádiz, me esperaban la ciudad y el mar. Nos pusimos hasta arriba de vino y arte (barroco, principalmente); también de pescaíto. Tenía unas ganas tremendas de tomar cazón y lo cacé. En Jerez tenía la misión de volver a una taberna en la que había estado hace unos años, el tabanco de la calle de San Pablo. La primera noche, estábamos casi solos, pero nos advirtieron que a la siguiente sería la zambombada del tabanco, y allí volvimos: villancicos flamencos, moscatel, pestiños... Inolvidable.
Antes y después de la escapada gaditana-jerezana, Sevilla. La cabra tira al monte y yo tiro a Sevilla. Perdí la oportunidad de quedar con Rocío en un stand de maquillaje de El Corte Inglés. Quedamos por fuera, en las atracciones para niños... Al día siguiente se acababa la feria del libro antiguo y de ocasión; en la caseta de Renacimiento se me pusieron los dientes largos y compré varios libros de esos preciosos que editan ellos, por un precio muy económico. Si me los hubieran regalado no me habría alegrado tanto; debe ser un residuo de satisfacción bíbilica por haberlos pagado con el sudor de mi frente.
Quizá porque me voy haciendo mayor o, quién sabe, porque ya estaba incubando el catarro, paseé por Sevilla con cierta indolencia. Me rescataban de este relativo abandono dos cosas: lo desastrosa que está la ciudad patas arriba por todas partes y las palmeras. Ah, y un poema (por elegir uno) de Miguel d'Ors en uno de los libros regalados/comprados:
La mariposa es hija
de una flor y un aplauso.

miércoles, diciembre 02, 2009
El viaje
M. se ha ido y ha vuelto varias veces. Unas, sin avisar porque tal vez ni ella misma lo sabía. Otras, como ahora, lo piensa —rápido, muy rápido, pero lo piensa— y entonces lo anuncia. Yo la he visto irse, desmantelar la casa, repartir cosas o empaquetarlas: los libros, los ordenadores, la ropa, los cuadros... Y donde había un hogar, que era un poco mío, sólo quedaba la arquitectura desnuda de cualquiera de las otras artes. Esta última vez es la primera que la comprendo. Sin pensarlo apenas —rápido, muy rápido, pero pensado— he llegado a sentir que está haciendo bien. Y si no, siempre queda el regreso, que no es necesariamente un fracaso; ni una victoria. Mientras asisto como un espectador a esta nueva mudanza leo a Cernuda, a quien siempre vuelvo; y en sus palabras encuentro lo que siento:
[...]Mucho más si se cree, como creía él, que lo que nuestro deseo no halla al lado va a hallarlo a la distancia. Viejo es aquello que dijo alguno: quien corre allende los mares muda de cielo, pero no muda de corazón; lo cual acaso sea verdad (no en este caso particular de que hablamos), mas nunca sabremos que no mudaremos de corazón, de no correr allende los mares. Lo cual de por sí sería ya razón suficiente para ir de un lugar a otro, manteniendo al menos así, viva y despierta hasta bien tarde, la curiosidad, la juventud del alma. Luis Cernuda: Ocnos (El viaje).
jueves, noviembre 26, 2009
Sevilla [6-13/XII]
Avión. Cervecita en El Tremendo. Besar la mano de alguna imagen de la Virgen. Ir al Museo de Bellas Artes. Al archivo. A la biblioteca de la Universidad. Cruzar el puente. Pasear por los jardines del Alcázar. Por la Judería. Por el parque. Gozar misa en la capillita de San José. Espinacas con garbanzos en El Rinconcillo. Librerías. Los seises. Palmeras. Palmeras. Palmeras. Cervecita no importa dónde. Melva con pimientos. Puesta de Sol detrás de Triana. El río. Envidiar casas. Soñar otras vidas tras las fachadas. Patios. Cazón. Quedar con amigos. Estar solo. Caminar. Sentarme. Sentirme. Sentirlo. Avión.
domingo, noviembre 22, 2009
Expresión corporal
El vino bueno, querido,
también provoca un gran pedo.
Distinto, no te lo niego,
al del vino revenido.
Pero qué pedo, querido,
qué pedo. ¡Tremendo pedo!
también provoca un gran pedo.
Distinto, no te lo niego,
al del vino revenido.
Pero qué pedo, querido,
qué pedo. ¡Tremendo pedo!
domingo, noviembre 15, 2009
Libidown
Es la que más me gusta del grupito. Y, como suele suceder, la que menos me conviene por razones diversas. Pero eso no importa ahora. Sobre todo, a ella no le importa. El caso es que me gustaba su olor, su perfume. Hace poco la vi dos días seguidos. El primero se había puesto uno diferente, pero el segundo olía como de costumbre y se lo dije. Le dije que se lo pusiera siempre que viniera a vernos (no venía a verme a mí solo). Le pregunté cuál era. El de Jennifer López, contestó. Y todo se vino abajo.
martes, noviembre 03, 2009
Bye miau
Le ha dado ahora a Tristán por subirse a todos lados, en un arrebato místico. Un par de tardes me lo he encontrado sobre la mesa del comedor y a veces lo encuentro también en la librería. Él sabe que no me gusta que lo haga, así que apenas pronuncio su nombre ya se está bajando, y maúlla una palabrota de niño malo. En esta casa solitaria saber que hay alguien más es una alegría. Y por eso mismo es una pena que Tristán tenga que irse en unos días, en un par de semanas, cuando su dueña regrese de India (al parecer lo fino es India, no La India). Salvo que algún maestro con turbante la haya convencido de que el gato es malo para el alma, el gatito se irá. Y dejará cientos de pelitos que, trenzados en la ropa o en el sofá, me recordarán que durante unos meses tuve de quién despedirme al salir de casa.
jueves, octubre 22, 2009
Bach [en un concierto de]
.
ORGÁNICO El organista suda.
VALIENTE El organista se da a la fuga.
VENIAL Pequeña tocata.
SONATINA Catarrito.
CONCIERTO
En clave de sol
bandadas de corcheas
revolotean.
PARTITURA
Dorremifasol
lasidoremifasol.
Tralará. Chin pún.
ORGÁNICO El organista suda.
VALIENTE El organista se da a la fuga.
VENIAL Pequeña tocata.
SONATINA Catarrito.
CONCIERTO
En clave de sol
bandadas de corcheas
revolotean.
PARTITURA
Dorremifasol
lasidoremifasol.
Tralará. Chin pún.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



