miércoles, abril 10, 2013

Sic transit


Salir de la ciudad —aunque pequeña— a veces resulta difícil. Superado el atasco, deshecho el nudo de las rotondas, de repente el coche avanza veloz hacia un paisaje abierto y nuevo. Quedan atrás los edificios y empiezan las nubes, las palmeras, las montañas, el mar... Y da un poco igual el destino; se siente uno feliz transitando. Así pasa también en la vida. Inesperadamente, nos ponemos en carretera, nos ponemos a silbar, pisamos un poquito el acelerador y todo parece más hermoso y amable. Sin saber a dónde, vamos bien. 

domingo, enero 27, 2013

Cuarteto


Tengo tantas cosas pendientes. Leer a Freud, por ejemplo. Porque escucha y dice uno a menudo: esto es freudiano. Y te quedas tan ancho, como si hubieras hecho la tesis sobre el tema. He vuelto a la música como la oveja al redil. Primero, a toda orquesta: Prokofiev, Chaikovski y una violinista, solista y descalza. Luego, dos conciertos de cámara con cuartetos de cuerda. Y allí, entre el público, la abogada de la parte contraria de mis últimos juicios. Pensé en Freud, entonces, porque la chica tiene su encanto —finamente dicho—. Y que me resulte atractiva la mala de la película es algo, al menos, desconcertante. Cuando los músicos blandieron sus arcos para frotar violines, viola y violoncello, pensé —válgame Dios— en el rollo sado, con sus látigos. Tenía dos filas delante a la abogadaatractivadominatrix haciendo, a ratos, manitas con su novio magistrado. Fue un concierto muy raro. Ni me acuerdo de los compositores.

martes, diciembre 18, 2012

Dejarse ir


Si todo lo hiciera así, qué bien me iría: dejándome ir. Recién regreso de México y estoy todavía como mecido por la calma con la que afronté el viaje desde el minuto uno. ¿Doce horas de avión? No problem. Pensé, dormí, canturreé para mis adentros, comí, di unas vueltas por el avión (fui al baño), hablé con el de al lado, vi tres capítulo de Mad Men en el portátil… Y cuando me quise dar cuenta ya estaba sobrevolando DF. Y así, dos semanas: dejándome llevar y traer, bebiendo y comiendo todo lo que me pusieron delante (huevos de hormiga incluidos). Todo me pareció tan sabroso, tan hermoso, tan de colores… Qué panes dulces más ricos. Y qué librerías. Y qué polución (todo hay que decirlo). Y qué felicidad estar entre amigos felices. Y qué pena que el tiempo pase tan pronto, dejándolo ir. 

miércoles, noviembre 14, 2012

Cádiz/Sevilla


De nuevo, Cádiz. Qué pena llegar de noche —todo oscuro— y perderme ese momento cuando desde el tren se ve agua a los dos lados. De nuevo, Cádiz: de arena, de mármol, de plata. Me hice el despistado para perderme y ver la puesta de Sol desde la playa de la Caleta. Todo mar, apenas unido a tierra. Casi redondo, Cádiz, como el mundo.



A Cernuda le hubiera gustado. Entrar en la Catedral y subir al gran retablo que nombra en Ocnos, poco a poco, cuerpo a cuerpo, como llevado por ángeles. Enorme y dorado visto de lejos, de cerca y en detalle impresiona mucho más. Por su belleza, por la emoción del privilegio y porque está todo perfectamente acabado. Para los ojos de Dios. A casi treinta metros, a los pies del Crucificado que lo corona, sentí vértigo: cayendo de la bóveda como una catarata.

domingo, octubre 28, 2012

Tengo


No pido tanto. No pido tanto, me repito. Tengo ya parte de lo que pido sin darme cuenta. A veces hay que pararse a pensar dejando a un lado la autocompasión. Hoy, sin ir más lejos, disfruté a primera hora al ver decenas de palmeras moverse al viento. Ese vaivén, como cabezas vegetales que siguen la melodía en un concierto, me parece un espectáculo precioso. Luego disfruté de un café solo —y solitario— en la barra de un bar, paseé por las afueras con un amigo y estuve con mi abuelo, que me llamó ratoncito, como siempre. Hace un rato me llamó una amiga desde Madrid —Vámonos a Egipto en carnavales— y poco después recibí un whastapp de aquel amigo-hermano que estuvo meses evitándome. No es poca cosa para un domingo cualquiera. Esa misma emoción que a veces, traicionera, se desboca, me pregunta ahora serenamente Qué más quieres. Y con la misma paz le [me] respondo que si no quisiera más perdería lo que tengo.

miércoles, octubre 24, 2012

Aquí

En este breve precipicio donde vivimos creyéndonos capaces de cualquier pirueta. En este calendario de tan pocas hojas en el que escribimos nuestras esperanzas. En este cuerpo que siempre busca otro, aun sin quererlo. Aquí estoy como si fuera el último día del mundo.

lunes, septiembre 17, 2012

Todo

Depurarlo todo. Pasar la vida, como un zumo de naranja, por un colador. Pisarla, como la uva en el lagar. Secarla al Sol. Que quede solo la esencia, el espíritu. Que pueda uno mirarla de frente, tocarla, tenerla en una mano, arroparla incluso como a un recién nacido. Y entonces, al saber lo que está en juego, apostarlo todo.

domingo, agosto 26, 2012

Bucles


Que la vida a veces es un bucle es una idea (otro bucle) que confirman las fiestas fijas del calendario. Todo en su sitio, pase lo que pase, falte quien falte. Los años vuelan, pero un domingo a finales de agosto se pone la mesa. De primero, sopa; de segundo, conejo; y de postre, postre. Si no vienes, te lo pierdes. Porque fiesta hay, contigo o sin ti. Es como de película italiana, con procesión incluida, como en El padrino, pero sin tanto jaleo. Últimamente, sólo yo me acerco a ver pasar el santo. Llego hasta la plaza y de camino veo caras conocidas de cuando era pequeño; algunos me saludan, con otros me paro a hablar. Y pienso, ya he cumplido. Ya estoy aquí y ya me estoy yendo. Cada vez hay menos muebles. La casa se va desmantelando poco a poco y en el salón apenas queda el piano, que debe ser tan pesado como inútil. Mis tías llevan un cuarto de siglo mudándose pero no acaban de irse. He acabado por entenderlas. Aunque no sé si son conscientes de que amueblar la casa a la que supuestamente te vas a ir —y no irte— da para un para una tesis de psiquiatría. Lo de desnudar la casa en la que en realidad vives, da para otra. Cada vez es más luminosa y ligera. Quitadas las cortinas quedan los visillos casi transparentes, movidos por el leve viento del verano. El suelo de madera sin alfombras, las pestilleras de principios de siglo, el rejoj detenido y el olor del café de sobremesa adueñándose de todas las habitaciones. Supongo que algún día lo echaré de menos.

miércoles, junio 06, 2012

Viaje a Tierra Santa | 1

Regreso de Israel cansado y polvoriento, como un arqueólogo tras meses de excavaciones. En vez de una maleta rebosante de restos cerámicos, piedras talladas o manuscritos llevo no sé muy bien qué dentro del corazón. Pero sé que viene lleno, aunque desordenado. Me sentaré ahora en mi gabinete a clasificarlo todo, a poner etiquetitas, a ordenar por fechas, tamaños y colores. Y quizá dentro de unos meses pueda escribir algo aparentemente científico, al menos una teoría por endeble que sea. Porque un tipo serio no puede ofrecer como conclusión un simple —pero enorme— suspiro, que es lo que siento hoy.

Como un buen arqueólogo, tenía indicios de que podía encontrar bajo la tierra (santa) lo que andaba buscando. La verdad está escondida bajo miles de palabras que, a la vez, la señalan: et in terra pax hominibus, sólo una cosa es importante, bastará para sanarme... Y allí sigue. En el Calvario los ortodoxos custodian el lugar donde se supone que estuvo clavada la cruz de Cristo. Puede uno arrodillarse e introducir el brazo por un hueco, como si sumergiera un cubo en un pozo. Resulta bien simbólica del viaje a Tierra Santa esta acción de buscar un poco a oscuras donde dicen que...

Pero más que tocar un centímetro cuadrado concreto, a mí me emocionó levantar el polvo de la tierra seca de Israel, tocar con la mano el agua del Mar de Galilea, pisar las calles de Jerusalén y ver candelas encendidas que heredan, tal vez, una chispa prendida hace siglos.

domingo, mayo 20, 2012

Chequeo

En la sala de espera de un médico, así sea para un simple chequeo, no puede uno evitar encogerse y sentirse poca cosa. Mis neurosis no me hacen fabular con posibles enfermedades, imprevistas y desagradables; eso es más de científicos. Yo, historiador y archivero, me doy al género autobiográfico y repaso los expedientes de mis dolencias pasadas, siempre presentes.

Antes de que me pesaran, me midieran, me auscultaran y me palparan me palpé yo mismo y recordé que hace no tanto las cosas me iban peor, mucho peor. Salí adelante, en buena medida, apelando a la fugacidad de la propia vida: todo pasa. Es una de las ventajas de haber perdido ya la juventud, cuando todo se eterniza y el tiempo está de más. Ahora, la lección está aprendida: tempus fugit, y con él vuela también el sufrimiento. Aunque luego regrese. Puede que suene triste, pero no. Lo triste —e ingenuo— era pensar que todo es para siempre.

MÚSICA A PIE DE PÁGINA
La Casa Azul: Qué se siente al ser tan joven

domingo, mayo 13, 2012

Flores nuevas


Ya está el rosal lleno de rosas, más incluso que las que se ven en esta foto de hace un par de días. Nunca fue tan generoso como ahora, quizá porque nunca fue podado como esta vez. La moraleja es de las clásicas y hasta molesta traerla aquí en este tiempo de tantos recortes. Pero por lo visto es verdad: poda bien y brotará mejor.

Yo, ahora lo sé, recién salgo de una gran poda. Como el rosal, apenas —y a penas— me dejaron el tronco. Hasta lo agradezco. Muchas cosas tienen ahora un valor relativo; también el tiempo. Quisiera no tenerlo presente, como en la infancia. Entonces duraba más y no dolía. Lo de las espinas, una imagen manida, todavía no lo entiendo.


lunes, abril 16, 2012

Una rosa blanca



Estaba el rosal hasta hace nada salvaje y frondoso, lleno de flores blancas. Sus ramas habían crecido esforzadamente a falta de agua y cuidados. Las hojas, débiles sin entonar un verde saludable; pero las flores, enormes y purísimas. Me costó podarlo, aunque la casa se llenó de jarrones con ellas. Apenas un tronco retorcido, como un muñón. Así quedó el rosal. 

Han pasado un par de meses y ya promete de nuevo decenas de flores en capullos. Solo una se ha abierto, impaciente. O presumida. Se me van los ojos hacia ella. Y está tan bonita entre las hojas verdes que no me atrevo a cortarla. Será también la primera en marchitarse, en doblarse hasta romperse, echándose flores.


jueves, abril 05, 2012

Semana Santa


Por alguna misteriosa razón, comienza la lectura del Evangelio y se me derrama el perfume sobre sus pies. Por alguna nostálgica razón, los capirotes —tan altos— me hacen pequeño y las cadenas hacen cosquillas en mis recuerdos. Por alguna entrañable razón, su cuerpo muerto resucita a mis muertos. Creer es llamar Dios a esa misteriosa, nostálgica y entrañable razón.

viernes, enero 27, 2012

Fotos

Como en aquella foto de Cernuda con las piernas cruzadas y las manos unidas sobre las rodillas— pensaba en ti vencida la tarde en el viejo salón de la casa antigua. De una forma extraña me venían recuerdos sin peso, sin prisa, sin pena ni gloria. Te has ido esfumando poco a poco, con pasos pequeños. Y tan en silencio que al decirte adiós ya no estabas.