domingo, octubre 28, 2007
A Madrid
Hace ya algunos meses que no voy —a Madrid—, más de un año. No es ciudad que me entusiasme ni que aborrezca. Se deja caminar, se deja mirar. Pero no podría vivir entre tantísima gente. Aunque cada barrio es como un pueblo grande y tiene su mercado y su parroquia. He pasado meses en Madrid y, lo pienso ahora, no he conseguido unir mi emoción a ningún espacio urbano. No suspiro al nombrar la Plaza Mayor o la de Oriente, ni siquiera el Prado; eso me pasa con el Pont des Arts de París o con la Capillita de San José de Sevilla, por ejemplo. Si acaso, unos tacones apresurados por la calle Zurbano, el bufido del metro en cualquier estación o los atardeceres tras el Palacio Real. Todo intangible. Madrid se me resiste pacíficamente.
jueves, octubre 25, 2007
Oh England!
El propio Waugh me había preparado para la emoción; en aquella salita de espera burguesa y convencional leí un párrafo muy intenso sobre cómo con la muerte de las tías solteronas y el abandono de la casa familiar («No he vuelto nunca»), muere la infancia. Me pareció premonitorio y tuve que releerlo. Por cierto, que es muy interesante su argumentación sobre la diferencia entre tías solteras y tías solteronas.
Como si todavía estuviera en Hampstead, y después de dar algunas vueltas por la capital de la Isla —donde, por cierto, Nelson quedó manco de un cañonazo en 1797— llegué hasta una iglesia para escuchar un concierto de órgano, con un repertorio íntegramente inglés. Fue, sin duda, lo más apropiado para mi british extasis, la música de esas parroquias anglicanas en las que algunos antepasados de Waugh fueron pastores.
Llego a casa y en la tele ponen Gran Hermano. Ya estoy, de nuevo, en España.
lunes, octubre 22, 2007
Marina

Allí, solo en la piscina grande y junto al mar, escuchándolo romper con fuerza contra las rocas de octubre. Allí —mi cuerpo entre azules— me dio por pensar mientras nadaba de un lado a otro. Con la misma intensidad sentí lástima de mí mismo y, a la vez, una enorme esperanza. Era tanta la paz y la placidez que se me hizo insoportable, y tuve que obligarme a no salir del agua hasta las cinco. La isla toda bañada de luz, un día limpio de otoño sin veraneantes; y yo allí, solo en la piscina grande, a veces sumergido, otras simplemente flotando. Cerca, las montañas a contraluz. Y más arriba una luna pálida. Luego me tiré en una hamaca y adormilado pensé que era un náufrago sobre las olas, o una ofrenda pagana al sol que me miraba, iluminándome. Antes de que se ocultara me levanté para regresar al lunes del que me había escapado. Quedó el océano enorme bamboleándose, la piscina grande solitaria, los pescaditos en sus charcos. Y al volver —como ahora— sentí lástima de mí mismo y, a la vez, una enorme esperanza.
domingo, octubre 21, 2007
Fin de semana
*
SÁBADO «Yo no sé adonde vamos a llegar», exclamó una señora en el super a los mandos de su carrito. «Yo no sé adonde vamos a llegar», insistió paseándose entre quienes esperábamos nuestro turno ante el mostrador de la charcutería. «Guardo los tiques de una semana a otra, los comparo y me doy cuenta de todo lo que sube desde la última vez». Ninguno contestó, pero nuestros labios de mortadela gritaban en silencio y al unísono: «Adonde vamos a llegar».
*
DOMINGO Un creyente a un ateo [o viceversa]: «Puede que tengas razón en esto, incluso en lo otro, pero no en lo de más allá».
jueves, octubre 18, 2007
Con ese de Sapatero
Ah, y no pienso que todo pueda decirse con una sonrisa.
miércoles, octubre 17, 2007
Exigencias
domingo, octubre 14, 2007
Un sábado cualquiera
viernes, octubre 12, 2007
Estrela, estrela
Sucede de vez en cuando. Algo —o alguien— irrumpe en tu vida y en tres minutos es tuyo para siempre. Hace un par de noches antes de acostarme escuché en la radio una canción que me entusiasmó. Por fortuna, al acabar el locutor dijo su título y su intérprete: Estrela, estrela del brasileño Vitor Ramil. La he conseguido y al volver a escucharla me gusta más. Letra y música son preciosas, quizá porque me encanta el portugués, quizá porque me encantan las estrellas, quizá porque elogia de ellas: «Brillar, brillar, casi sin querer. Dejar, dejar, ser lo que se es». Y porque empieza preguntándose, o así lo entiendo yo: «Estrella, estrella, cómo puede ser así, tan sóla, tan sóla, y nunca sufrir».
Aquí, pinchando sobre el título de la canción (pista 12), la letra en portugués.
NOTA Para escuchar la canción, mientras el reproductor de goear esté deshabilitado, buscar en esa web estrela ramil.
martes, octubre 09, 2007
Palmeras del desierto
sábado, octubre 06, 2007
Match point

miércoles, octubre 03, 2007
Las cosas de uno
Claro está que Trapiello es muy dueño de escribir lo que le plazca y que no debe pensar en mí ni en mis gustos o preferencias, de modo que no lo critico. Sólo expongo mi desencanto provisional. Y no sé si es que estoy especialmente quisquilloso, pero pienso que abusa del uno, tan encantador otras veces, pero que en estas cien páginas primeras me resulta en muchas ocasiones sustituible, cuando no prescindible. A veces provoca una tormenta de primeras y terceras personas, verdaderamente confusa. Dejo aquí un fragmento, quizá no el más claro, pero a las horas y de la forma que lee uno —casi hundido en la cama— no está uno para anotar nada...
De vuelta, me entretuve caminando por algunas de aquellas calles. Lo encontraba todo fascinante y desconocido. Me decía: habrá uno estado cerca de aquí mil veces, pero jamás había entrado uno en este barrio ni visto toda la vida que esperaba, tan diferente de la vida de nuestro barrio. La última vez que estuvo uno cerca de estas calles fue cuando, hace quince años, venía a las oficinas del paro. Han pasado quince años, y de una u otra manera, sigue uno en el paro pero sin subsidio. En aquel entonces, después de esperar horas en la cola con otros parados, acababa ganduleando en la Cuesta de Moyano... donde también acabó uno hoy, dejándome llevar por el instinto, como las mismas bestias que «a vista de las aguas» descendían.