martes, mayo 27, 2008
Papeles viejos
Abrí una caja. Dentro, un legajo; cientos de escrituras del siglo XVII, cosidas, encuadernadas en piel. Piel vieja, documentos viejos, gente muerta, mercancías caducadas, vino bebido, casas y conventos ahora en ruinas... Estoy acostumbrado a vivir también en aquella época, siglos atrás, y me resultan familiares muchos nombres: un capitán venido a menos, dos frailes, un platero portugués, una viuda... No me inquietaron las rúbricas floridas ni la tinta oxidada. Pero de repente, entre los folios amarillentos, apareció una tira de papel blanco escrita por Emilio. Hace al menos cuatro años —cuatro años ya— hizo como yo: buscó la caja, abrió el legajo y extendió ante sus ojos todas aquellas escrituras. Y dejó un papelito donde había apuntado el nombre de un barco, pensando, sin duda, en volver a mirar el documento con más calma. No tuvo tiempo. Al encontrar esta mañana la nota tuve una sensación muy extraña: su letra me pareció más antigua y lejana que la de 1634. Después de todo, el capitán, los frailes, el platero y la viuda ya estaban muertos cuando los conocí.
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12 comentarios:
No me he enterado de nada. QUe hablas de papeles y firmas. Y Emilio, quien es ???
Algunas veces, la realidad te estropea un buen relato. Otras, lo que parece un relato no es más que un trozo de realidad. Y de este trozo te ha salido uno magnífico. Bravo.
Un abrazo
Joaquinito, tienes razón. A veces me olvido de que no soy el único que me lee... Por haberte pasado por aquí mereces que te dé un par de datos, al menos. Trabajo en un archivo y Emilio era un compañero que murió hace casi cuatro años; a veces, como hoy, me encuentro inesperadamente cosas suyas.
Gracias, Tato.
A mí me parece que es un texto magnífico en sí mismo y creo que no hacen falta explicaciones, pero bueno.
He llegado aquí por el enlace de EGM, es la primera vez que leo tu blog en muuuucho tiempo, y quiero que sepas que esta entrada es preciosa, emocionante: un proema. Gracias.
No, no necesitaba explicación, aunque ya nos habías hablado de Emilio otras veces y de cuánto lo echas de menos.
Magnífico.
Y no sé qué más decir. No, no hacen falta más explicaciones.
Preciosísima entrada, que revela una enorme sensibilidad. Muchas veces la mejor manera de "sentir" cercana a una persona que ya no está es volviendo a tocar sus papeles, y posando los ojos en las mismas líneas que ella leyó. Maravillosa entrada, que hace ver lo lábiles que son las fronteras del tiempo, y lo "relativa" que es la medida de nuestra vida, inmersa en el mar de la eternidad. La entrada -a la que llego desde el blog de Arp- no necesita más comentarios, pero me ha salido del alma. Enhorabuena.
Parece el inicio de una novela. ¿No te animas, Carlos?
Como siempre, es usted brillante
Una entrada fantástica de verdad, al fin. Muchas gracias.
Uy, me olvidé de poner esto. Considerando el botón de muestra estoy de acuerdo con Tosar: si tuviera tiempo, escriba una novela por favor.
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