martes, diciembre 30, 2008

Recapitular

Haber optado desde hace tiempo por el pijama en vez del esmoquin y no dar demasiada importancia al cambio de año no me libra de enfrentarme a él como asomado a la orilla de un río. Se ve uno tembloroso y distinto en la superficie líquida y veloz del paso del tiempo, pero es inevitable reconocerse. Y menos mal. Me da pereza hacer una lista de éxitos y me da vértigo mirar hacia atrás; pero también es inevitable. En estas últimas horas recapitular es capitular, rendirse de nuevo. Y dar gracias por todas las batallas.

jueves, diciembre 25, 2008

Coro y paisaje

Entre mis recuerdos navideños brilla especialmente el belén que se hacía en casa de mis abuelos paternos. Las figuritas eran preciosas —murcianas— de delicadeza tardobarroca y salzillesca, y evocaciones andaluzas e italianas. Es una lástima que no conservemos fotografías, aunque yo me acuerdo con claridad de la bandera española que hacía de faldón para cubrir la mesa, del castillo de Herodes, de sus guardias y de las piedrecitas que bordeaban el río. Del gallo que poníamos sobre el portal, de un grupito de gallinas, de la estrella, de algunos pastores... Un museo inolvidable. Pasado el tiempo, crecidos los primos y no renovada la familia, mis tías ya no hacen el gran belén de hace años y sacan de sus cajas sólo las figuras principales y el gallo. Todavía me fascina la de San José, con sus polainas blancas, que siempre fue mi preferida. Pero ya no hay montes ni valles, caminos ni huertas; ahora es sólo el misterio, un misterio sin alrededores, minimalista. Hace unos días escuchando el Mesías de Handel me vino la imagen de que el coro es como el paisaje, que ensancha el misterio y hace próximo lo íntimo: yo podría ser una voz más. O un pastorcito de aquellos. Y hoy en misa me sorprende esta cita de Isaías: Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo...

miércoles, diciembre 24, 2008

Entremés de la mañana de Nochebuena

PERSONAJES
Ella: una mujer de mediana edad casada.
Yo: yo mismo.
Él: un hombre maduro, casado con ella. Ausente.
~
La escena tiene —tuvo— lugar [esta mañana] en la cocina de una casa a las afueras, mientras la asistenta controla las cigalas al fuego.
~
Yo: ¿Cenan aquí esta noche?
Ella: Pepe sí.
Yo: [Silencio].
Ella: Nos estamos separando.
Yo: Ah.
~
FIN

martes, diciembre 23, 2008

Lo nuevo

Por Navidad vuelven a casa incluso quienes nunca han estado. Mi sobrina segunda, recién nacida, ha llegado desde Madrid y hoy me ha tocado a mí verle la carita y pasearla junto a su orgullosísima abuela, mi tía. Es el primer bebé en la familia después de veintinueve años. Es inevitable y emocionante verse a ratos en el papel de padre, notar ciertas miradas extrañadas —¿será suyo?— y andar pendiente de una personita. Cuando nació la niña, mi abuelo, que tiene la cabeza perfectamente, sentenció que iba a ser su única bisnieta; ha perdido la esperanza con el resto de sus nietos. Pero hoy mi abuela, que está, digamos, más dispersa, al verme con la niña me preguntó: ¿Y tu mujer dónde está? [Eso me pregunto yo a veces y no padezco demencia]. Cuando volvimos a la calle una anciana nos cedió el paso en la acera: Lo nuevo tiene preferencia, dijo.

lunes, diciembre 22, 2008

Loa I

Gracias, Señor del invierno, por Georg Friedrich Händel.

domingo, diciembre 21, 2008

Retablito del último día de otoño

PASEO Hizo ayer un día precioso en el norte de la Isla: el mar bravo y los montes verdes, el cielo azul y las nubes ausentes, los muros blancos y altas las palmeras. Y se despidió el otoño. No por acostumbrado el camino pierde belleza; al contrario, la gana. Se acaban advirtiendo —casi casi— ramas tiernas en algún árbol y colores distintos en las flores conocidas: todo resulta nuevo. A fin de cuentas, es la primera vez que uno pasa por allí —ese día a esa hora— y nunca antes la luz fue igual; tampoco el ojo ni la memoria. Y de esta forma, otro paseo por la Isla resulta una experiencia vanguardista.

El sol me regaló la sombra de una palmera sobre una cruz en un muro blanco cuando salía de una iglesia. Como llevaba encima la cámara hice una foto [véase el anexo gráfico]. Y así se fue el día, que al amanecer no prometía paseo, ni pastel en aquella pastelería, ni palmeras recortadas sobre el mar. Nunca se sabe.

BELLA Quedó pendiente que escribiera algo sobre la película Bella. Comienza citando una frase de la abuela del protagonista —Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes—, quizá un dicho mexicano. Es verdad: nunca se sabe. La película merece la pena. Podría decirse de ella algo parecido a lo que un crítico norteamericano escribió de Lola Flores: ni canta ni baila pero no se la pierdan. El final me pareció un poco forzado, pero no voy a desvelarlo.

EL MESÍAS Esta tarde voy a escuchar El Mesías en directo; estoy ya preparado y dispuesto para un nuevo éxtasis handeliano. Me encantan los oratorios de Händel y como no paso de ser un simple diletante es casi seguro que lo disfrutaré. Algunos de mis amigos melomaniáticos no podrán digerir una mínima nota desafinada y me mirarán mal cuando vean mi cara de felicidad. Mientras ellos, presumiblemente, comenten las incidencias yo estaré tarareando el Aleluya. A veces nos reímos con Dios.







martes, diciembre 16, 2008

Wimbledon



Yo no veo los documentales de La 2, pero suelo estar pendiente de sus películas. Ayer vi en el periódico que ponían una titulada Wimbledon y pensé que podría gustarme: amor, tenis, Inglaterra. Me acordé enseguida de Match Point —amor, tenis, Inglaterra— aunque son historias completamente distintas. En casa de mis abuelos había una pista de tenis. Suena prometedor —amor, tenis, otra isla— y pijín, pero la realidad es que la alquilaban por horas y sólo a ratos la disfrutábamos nosotros. La usamos más para jugar con el perro que para dar raquetazos. El caso es que el tenis es el único deporte que he practicado un poco y que soporto ver por televisión; además, me gusta su ambiente: sus colores —blanco, verde y arena—, su sistema de puntuación —adecimal— que tanto agradezco como víctima que he sido de las matemáticas, el sonido de las pelotas botando y, en fin, tantos movimientos, desde el elegante y casi mecánico giro de cuello del público hasta esos golpecitos que con la raqueta se dan a veces los —y las—tenistas en el talón. Con esta buena disposición me senté en el sofá arropado por dos mantas mientras fuera llovía y llovía y vi la película, en la que Kristen Dunst —que tiene algo de Mónica Seles, qué tiempos— interpreta a una jugadora de moda y en buena racha; y Paul Bettany a un jugador que participa en su último grand slam, a punto de retirarse. Una [otra] historia de amor: entretenida, agradable y optimista. Set y partido. Esta tarde he ido al cine a ver Bella. Ya contaré.

sábado, diciembre 13, 2008

Pequeñas cosas

Me interesan exclusivamente las pequeñas cosas y no quiero dedicarme a otras que no sean las pequeñas cosas.

Giacomo Puccini

jueves, diciembre 11, 2008

Palmeras de Las Palmas

[Valga la redundancia]

Las Palmas me recibe con sus palmeras desnudas y frías al borde del mar, un mar ancho y envolvente como el de Cádiz. Se hace de noche y las calles renacentistas se vacían; las puertas góticas —interrogantes— están cerradas y las espadas silenciosas. Amanece. Desde la ventana veo zarpar algún barco. Luego zarpo yo por las calles ahora despiertas y hago mis estaciones habituales en la ciudad: una librería, un archivo, una biblioteca. Saludo a algunos amigos. ¿Cuánto hace que no venías? Desde el año pasado. ¡Chacho! Doy vueltas y me doy vueltas. ¿Qué tal todo, caballero? me preguntan en el restaurante. Bien, gracias. Me siento mayor. Mayor que antes. Justo cuando me subo en la guagua para ir al aeropuerto empieza a llover: Las Palmas me ha dado otra tregua. La luna está casi llena.





miércoles, diciembre 10, 2008

Rescates

Hay un momento en casi todas las fiestas o celebraciones en el que siento ganas de irme. Puede ser un segundo —cuando un viento frío me hiela el cogote, o cuando se pone sobre la mesa un tema desagradable, o cuando me acuerdo de que al día siguiente toca madrugar y se hace tarde—, puede ser un segundo, pero me pasa. Y pienso entonces si será una señal divina, si en realidad un angelito me está susurrando hazte cartujo, retírate a vivir al desierto, reclúyete bajo una escalera... Menos mal que suele ser un segundo. Entonces enciendo un cigarrillo —extraordinario— o pido otra cerveza, busco la luna si estoy en la calle o una mirada, en cualquier caso, y me siento como un globo rescatado a punto de escaparse.

lunes, diciembre 08, 2008

Platero

Qué lento he leído Platero, Platero. Poquito a poco, como a pasos cortos, hasta acabarlo ayer feliz por este largo descubrimiento y triste porque se acaba. Puedo decirlo; desde Ocnos nada había leído que me emocionase tanto como tú, Platero, pequeño, peludo, suave. Y como JRJ, que escribió entre tantas maravillas ésta: Dios está en su palacio de cristal. Quiero decir que llueve, Platero. Llueve.

Platero, tú nos ves, ¿verdad?

miércoles, diciembre 03, 2008

El milagro de mi abuelo

Hoy han operado a mi abuelo de cataratas en un ojo, en el que mejor tiene. Lector constante, últimamente no veía bien y aunque la intervención tenía su riesgo —93 años y el otro ojo muy deteriorado— optamos por intentarlo. Ha salido perfecto y él está feliz, todo le parece nuevo. Acaba de decirme: Carlitos, al llegar a casa vi a tu abuela con tanta claridad que me pareció que no tenía ni una sola arruga.

martes, diciembre 02, 2008

El milagro de la palmera

Y ocurrió que, al tercer día de su viaje, María estaba fatigada en el desierto por el ardor del sol; y, viendo una palmera, dijo a José: Voy a descansar un poco a su sombra. Y José la condujo hasta la palmera y la hizo apearse de su montura. Cuando María estuvo sentada, levantó los ojos a la palmera y, viendo que estaba cargada de frutos, dijo a José: Yo quisiera, si fuese posible, probar los frutos de esta palmera. Y José le dijo: Me sorprende que hables así, viendo la altura de ese árbol, y que pienses en comer sus frutos. Lo que a mí me preocupa es la falta de agua, pues ya no queda en nuestros odres, y no tenemos para nososotros ni para nuestros animales.

Entonces el niño Jesús, que descansaba, con la figura serena y puesto sobre las rodillas de su madre, dijo a la palmera: Árbol, inclínate, y alimenta a mi madre con tus frutos. Y a estas palabras la palmera inclinó la copa hasta los pies de María, y cogieron frutos con que hicieron todos refacción. Y no bien hubieron comido, el árbol siguió inclinado, esperando para erguirse, la orden del que le había hecho inclinarse. Entonces le dijo Jesús: Álzate, palmera, recobra tu fuerza, y sé la compañera de los árboles que hay en el paraíso de mi padre. Descubre con tus raíces el manatial que corre bajo la tierra y haz que brote agua bastante para apagar nuestra sed. Al instante el árbol se enderezó, y de entre sus raíces brotaron hilos de un agua muy clara, muy fresca y de una extremada dulzura. Y viendo aquel agua, todos se regocijaron, y pudieron saciarse juntamente con los jumentos, dando por ello fervientes gracias a Dios.

· Evangelio apócrifo del pseudo Mateo, capítulo XX, 1-2.