lunes, mayo 31, 2010

Instinto básico

Regresar siempre es duro. Freudianamente hablando debe ser como volver a un lugar tan propio —y ajeno— como el vientre materno, y eso tiene su aquel contradictorio. Y mira que no vuelvo con la frente marchita sino con el alma encendida. Sevilla estaba preciosa, en su punto de luz y calor; y qué bien me sienta, sí. En el aeropuerto, antes de embarcar, compré el Abc, que es el periódico ideal para leer en el avión. Regalaban con la revista Instinto básico y tuve el instinto básico de dejarla. Cuando en su momento la fui a ver al cine mi madre trató de impedírmelo; la recuerdo diciéndome no vayas, no vayas, mientras yo me alejaba por la calle. Así como lo cuento. No era para tanto aquel cruce de piernas ni, desde luego, la película: malísima. Ahora, quizá quince años después (o más), nadie se escandaliza por que el diario conservador la regale el día del Señor. ¡Cómo ha cambiado la película!

2 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

¡Cómo ha cambiado! Yo también tengo mis recuerdos de aquella película, y cómo lo embellece todo la nostalgia.

Dama dijo...

La que no cambia es la Stone, cosas del bisturí...