I
Podría, tal vez, escribir un poema en esta calle de Sevilla donde ahora me besa una cerveza. Aprovechar la luz del mediodía, el color naranja de las naranjas en los naranjos o, por qué no, el turbio olor del asfalto nuevo sobre el puente. Todo podría inspirarme mientras la gente pasa con bolsas, con carritos de la compra, con botellines de agua, con las manos vacías. Gente que al verme quizá piense que soy uno de esos locos que escriben solos, que hablan solos (como ellos). Felices transeúntes que se saludan y que dicen Me alegro de verte o Hasta mañana, confiados en que todo seguirá igual, o mejor, cuando amanezca un nuevo día en la ciudad de oro.
II
No es la cruz, sino la sombra. Ni es el pecado, es la culpa. No es tu amor, es el deseo de amarte y todas las palabras pensadas sin decirlas. No es la imagen de Dios, es la aureola intangible que la nombra, igual que el universo entero da forma a la Tierra. Te vas y no es tu ausencia, sino las ganas de verte. Todo tiene su matiz, su excepción, su quimera.
viernes, mayo 28, 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
4 comentarios:
¡Muy bueno!
Carlitos, te sales.
Carlos, qué bien nos sienta Sevilla. Un abrazo con sana envidia.
El segundo, maravilloso. Se te nota el paraiso circulando por la sangre...
Publicar un comentario en la entrada