lunes, septiembre 20, 2010

Otoño

Me llega la luz de esta Luna de casi otoño, casi llena y tan lejana. Está sobre mi cabeza, más allá del los cristales de la terraza entoldada. La veo entre las rendijas, guiñándome el ojo, marcando en el suelo su territorio, que es todo. Luz a contraluz que en el camino de vuelta convierte los cuerpos en sombras. Esta noche podría dormir al raso —supongo que no, pero qué bien queda—, dormir sin frío para mirarla. Seguirle el rastro, seguirle el juego, seguir dormido hasta despertarme.

2 comentarios:

Adaldrida dijo...

¡Así, sí! Me encanta cuando escribes así, Carlos...

Dama dijo...

Alguna vez le pediré a los Reyes Magos una mini historia de las tuyas sólo para mi, son alucinantemente hermosas.