No es una inocentada. Soy yo. Debajo de la faena laboral (¡un año y medio trabajando sin cobrar!), debajo de un revés judicial (defecto de forma, vuelta a empezar), debajo de meses de esfuerzo suplementario para acabar la tesis (ojalá, en enero), debajo de todo eso estaba yo. Estoy yo. Y contra todo pronóstico no estoy aplastado, acabado, hundido… Me ha brotado —porque esto es de psiquiatra— un instinto de supervivencia y una (con perdón) mala leche que me mantienen no sólo vivo, sino combativo. Voy por la vida cantando las cuarenta; y ahora —en voz baja— villancicos. Felicidades, pues, porque lo que no mata, engorda. Claro que, de ahí a ir deseando al personal que se le cumplan todos sus deseos, en plan sms masivo, hay un trecho. No me lo deseen, por favor; porque deseos, lo que se dice deseos, ¡ay Señor, si se cumplieran mis deseos!
martes, diciembre 28, 2010
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4 comentarios:
Hombre, que se cumplan tus deseos de normalidad, tan amenazada por lo que cuentas, y que se cumpla también tu deseo de que no se cumplan los otros deseos. Ánimo, y los mejores deseos (ésos sí) para el año entrante.
Yo siempre deseo que haya una entrada nueva en tu blog así que gracias por hacer que se cumpla de vez en cuando uno de mis deseos. Feliz año en justa reciprocidad.
Carlos, ánimo y un fuerte abrazo. Y más entradas como ésta para el próximo año.
Qué bueno lo de Marinero: el deseo de que no se cumplan tus deseos. (Me lo apunto).
Y qué deseo tan bonito el de Carmen y el de Marcos.
Y qué expresion tan lograda: Cantar las cuarenta.
Y villancicos.
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