lunes, mayo 31, 2010

Instinto básico

Regresar siempre es duro. Freudianamente hablando debe ser como volver a un lugar tan propio —y ajeno— como el vientre materno, y eso tiene su aquel contradictorio. Y mira que no vuelvo con la frente marchita sino con el alma encendida. Sevilla estaba preciosa, en su punto de luz y calor; y qué bien me sienta, sí. En el aeropuerto, antes de embarcar, compré el Abc, que es el periódico ideal para leer en el avión. Regalaban con la revista Instinto básico y tuve el instinto básico de dejarla. Cuando en su momento la fui a ver al cine mi madre trató de impedírmelo; la recuerdo diciéndome no vayas, no vayas, mientras yo me alejaba por la calle. Así como lo cuento. No era para tanto aquel cruce de piernas ni, desde luego, la película: malísima. Ahora, quizá quince años después (o más), nadie se escandaliza por que el diario conservador la regale el día del Señor. ¡Cómo ha cambiado la película!

viernes, mayo 28, 2010

Sevillanas

I
Podría, tal vez, escribir un poema en esta calle de Sevilla donde ahora me besa una cerveza. Aprovechar la luz del mediodía, el color naranja de las naranjas en los naranjos o, por qué no, el turbio olor del asfalto nuevo sobre el puente. Todo podría inspirarme mientras la gente pasa con bolsas, con carritos de la compra, con botellines de agua, con las manos vacías. Gente que al verme quizá piense que soy uno de esos locos que escriben solos, que hablan solos (como ellos). Felices transeúntes que se saludan y que dicen Me alegro de verte o Hasta mañana, confiados en que todo seguirá igual, o mejor, cuando amanezca un nuevo día en la ciudad de oro.

II
No es la cruz, sino la sombra. Ni es el pecado, es la culpa. No es tu amor, es el deseo de amarte y todas las palabras pensadas sin decirlas. No es la imagen de Dios, es la aureola intangible que la nombra, igual que el universo entero da forma a la Tierra. Te vas y no es tu ausencia, sino las ganas de verte. Todo tiene su matiz, su excepción, su quimera.

martes, mayo 25, 2010

Paraísos

Aunque con los años se me ha pasado un poco el entusiasmo, puedo repetirme ahora aquello de mañana estarás conmigo en el paraíso. Sevilla lo sigue siendo para mí para mi realidad y mi deseo, un paraíso al alcance de la mano, a dos horas y unos euros de avión. Apenas unos días, hasta el domingo, suficientes para ver los murillos de la exposición que está a punto de clausurarse, para darme mis paseos pacientes de jubilado, para ver a los amigos, y para —supongo— pasar calor; así me sentarán mejor las cervecitas. Habrá tiempo también para buscar a Dios en sus iglesias, oasis acogedores, que es tal vez a lo que en realidad vaya sin que lo sepa nadie. Ni yo mismo.

viernes, mayo 21, 2010

Entomología

Hoy, durante mi almuerzo en el refectorio del convento, una mosca torpona revoloteaba sobre el plato. Lenta, no acababa de posarse ni de alzar el vuelo amenanzando mis manjares claustrales. Harto de espantarla con la mano, exclamé: ¡Qué monja más tonta! Por fortuna, en ese momento estaban todas en la cocina.

jueves, mayo 20, 2010

En la Luna

Podría parecer, después de tantos días sin escribir, que he estado en un viaje larguísimo sin conexión a internet (en montañas perdidas, en el desierto, en medio del océano); o fuera de juego (es decir, todo lo contrario) por un amor inesperado y absorbente; o triste, tanto, que ni ganas de contarlo. Y sin embargo estoy sigo aquí, en el mismo lugar y, según se mire, mejor que [casi] nunca. El casi es justamente la paz presente, una especie de indolencia resbaladiza por la que se escapan los problemas y los placeres, esa dosis de desequilibrio que abona la inquietud y la creatividad, y también las necesidad de compartirlo. Yo sé que estoy así cuando le pierdo la cara a la Luna y no sé si crece o mengua. Esta noche voy a buscarla.