Frente a estas montañas milenarias, tan pequeño yo ante ellas, escapo cada mañana de mi vida mientras fumo un pitillo transgresor. [El último, el último]. El humo se confunde entonces con las nubes y hace al verde de la hierba en las laderas más intenso y real. Basta que el cielo esté azul —de ese azul que tiene el cielo cuando quiere— para que por un momento todo parezca perfecto. Yo en la terraza, ni fuera ni dentro, y el mundo a mis pies. Si giro la cabeza veo el mar refulgente, y más allá el perfil de una isla nueva. No importa que, en medio, la ciudad me escupa su perfil autoconstruido, sus azoteas llenas de trastos. Yo estoy por encima del cemento y sólo veo el azulverdeblanco, deshaciéndose en el aire.
lunes, enero 24, 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
"una isla nueva", eso es un adjetivo bien puesto. "Autoconstruido" también, por supuesto, pero es menos alegre, mucho más ácido. Enhorabuena por ambos, y por esa vista.
No sé, pero yo sólo veo Betis en sus palabras...
Gracias nuevas, Enrique. A ti, Dama, tutéame, por favor. Y viva el Betis, claro.
Publicar un comentario en la entrada