lunes, marzo 14, 2011

Gotas

Tras la luvia, siguen cayendo gotas desde las palmeras. Disparadas por el viento son como balas, balas blancas a trasluz a última hora de la tarde. Miro al cielo, las nubes están tranquilas. Pero es como si siguiera diluviando, qué más da desde dónde. Al final estás mojado.

Ando estas semanas acuoso, como una lágrima. En tránsito. No es que todo vaya mal. Pero eso, precisamente, da miedo: aún quedan flancos desde los que ser atacado. En medio de este temporal, siento que todas las palmeras, con sus brazos poderosos, apuntan hacia mi diana. Entonces me reprocho ser tan pretencioso, creerme tan importante: el centro de algo.

Cuando regreso cada noche, derrotado —poca cosa, menos que nada—, cuando creo haber perdido la esperanza, entonces aparece. Qué paz, a pesar de todo, mirar hacia el cielo y no decir nada, no pedir nada, nada concreto. Y, en silencio, pedirlo todo. Con ojos tristes de niño; o de niño triste, no sé.

1 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Sentirse acuoso, qué exactitud.