sábado, marzo 19, 2011

Luna llena


Podría fabular que la Luna se ha acercado tanto para darme un abrazo, o para demostrarme que, a pesar de todo, puede todavía sorprenderme su belleza. Incluso podría pensar que es una metáfora luminosa en medio de la oscuridad, una señal de esperanza. Pero estoy persuadido de que los astros y los satélites no piensan en mí, y eso no hace que me sienta solo. Ahora que la herida llega al hueso es cuando me cercioro, precisamente, de que lo tengo. Ahora que siento esta tristeza —esta vieja tristeza nueva— busco tanto a Dios que casi lo palpo. Cuánto quisiera confiar, abandonarme, creerme de verdad en sus brazos. Qué más da que la Luna esté cerca, a solo 365.577 kilómetros...

1 comentarios:

E. G-Máiquez dijo...

Qué golpe de ironía el final, una ironía que es melancolía. Gracias.