
En torno a Roland Garros me pongo francófilo. Generalmente me siento en medio, como en el Canal de la Mancha, y no sé a qué lado volverme: París/Londres, monarquía/república, hierba/arena batida... Podría recomendar ver de nuevo la final del domingo pasado que, como otros Nadal/Federer, fue una obra de arte. Pero me voy a contener. Ni siquiera voy a recomendar dos películas francesas, sino a decir que las he visto y que me han gustado. Tampoco voy a resumirlas, analizarlas o destriparlas. La primera, De dioses y hombres, resultó ser espiritualmente conmovedora; es, sin duda, una gran película. La segunda, Pequeñas mentiras sin importancia, no lo es; pero se deja ver (aunque es larga). De exégesis, interpretaciones y censuras está la red llena. C'est tout.
1 comentarios:
Me conmovió la primera.
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