sábado, julio 02, 2011

Ovejas

Quizá si no lo hago así, sobre la marcha, según me desvelo, no lo hago. Estoy vago porque no escribo ni siquiera lo poco que antes escribía; vago, porque deambulo, porque divago, voy y vengo. Podría decir que indolente, pero no. Indolente no, porque me duele. Crecer, madurar, es quizá conocer cada vez mejor la raíz y, sin embargo, alejarse de ella. Como las ramas que suben buscando la luz, mirando al Sol encandiladas, yo me pierdo también por los aires aunque bien consciente de la tierra a la que me agarro.

El pastor dejó las noventa y nueve oveja dóciles y se fue a buscar la perdida. Regresó gozoso con ella sobre los hombros. ¿Quién tiene cien amigos, cien amigos de verdad, como el pastor su rebaño? Eran cien ovejas, me repito, y el pastor salió a por una. Qué duro tener un puñadito de amigos —casi por definición no pueden ser muchos más— y que uno se escape. Yo sufro por eso, dolor de rama podada que ya no dará fruto.

Está la vida cotidiana llena de pasajes como éste. Se escribe la historia con estas pequeñas/enormes traiciones. Cuántos estarán, como yo, desvelados tras un mal sueño, con sueño pero sin ganas de regresar a la cama a media madrugada. Tan perdidos, tan tristes. Sólo una cosa consuela: el pastor salió a buscar la oveja perdida en el desierto. Y la encontró.

6 comentarios:

marinero dijo...

Reconozco mi incomodidad ante la imagen evangélica de las ovejas. Las cualidades, gregarias y poco amigas de la iniciativa propia, que se atribuyen generalmente a tan simpáticos animales no son, desde luego, aquéllas con las que yo me identifico más. Y la idea de que la celebrada felicidad se identifique con la vuelta al rebaño, me resulta más bien poco estimulante. Y no porque yo quiera a toda costa ser o sentirme único: creo que todos lo somos. No es una cuestión de vanidad, sino de fe en el individuo.

Carlos RM dijo...

De acuerdo, Marinero. Yo tampoco soy amigo de rebaños, ni de bandadas de peces. Pero como metáfora, me vale.

carmen dijo...

Siguiendo con la metáfora, a veces, es más fácil escudarse en buscar la única oveja perdida, que estar de verdad con las demás.

Carlos RM dijo...

Es verdad, Carmen. Por fortuna, a mí me ha pasado lo contrario. La oveja perdida me ha hecho valorar aún más a las otras.

Mora Fandos dijo...

Para mi, lo importante es que la oveja y el pastor se reencontraron.

mjbo dijo...

¡Pues a mí me encantan los corderitos! Lo malo es que cuando se pierde uno en el mundo y lo busca un amigo a veces no lo encuentra. Todo no pasa siempre como en las parábolas del Señor. Y me gusta el Señor con sus ejemplos de rebaños y pastor y hasta de ovejas perdidas.