martes, septiembre 13, 2011

Sentencia

Tenía que haberlo escrito aquí ayer, apenas unas horas después de enterarme. Un juez ha sentenciado que el despido que sufrí en marzo fue nulo y condena a «la demandada» (una consejería de Cultura de un gobierno autonómico de un lugar de España) a readmitirme y a pagarme los salarios de los meses que me ha impedido trabajar. Y también, a abonarme unos dineritos como indemnización por daños y perjuicios. Ayer, cuando mi abogado me leyó por teléfono el párrafo en el que el juez describe el calvario de los dos últimos años (acoso laboral, destrozo profesional, represalias, trato vejatorio, etc.) me saltaron las lágrimas. Sabía que la razón está de mi parte, pero no contaba con una sentencia tan contundente. Y me pasa como con la tesis, que se alegran los demás más que yo mismo, y entonces me alegro un poco más. Porque O tempora— ya no soy el mismo. Estoy anclado en el presente, aunque sea un presente continuo. Miro hacia atrás y no me duele tanto. Miro hacia delante y no lo siento mío. Hoy toca esto, pues esto. Y mañana…

5 comentarios:

Rosie the Riveter dijo...

Enhorabuena. Conozco por compañeros hasta qué punto puede ser un infierno el acoso laboral y cómo puede afectar a tantas esferas de la vida que van más allá de lo profesional. Es esperanzador saber que, de vez en cuando, los jueces muestran sensibilidad hacia este mal. El siguiente paso debiera ser que los acosadores enfrentaran con su propio patrimonio el pago de las indemnizaciones y que no recayera sobre los presupuestos públicos. Quizás algún día...

masazul dijo...

A cada día, su afán. Ánimo y coraje. Ahora te toca disfutar del presente, sin mirar ni atrás, ni adelante: aquí, ahora.

carmen dijo...

Está muy bien y dice mucho que el dolor duela menos y no más después de pasado.

AnaCó dijo...

No hay mal que dure cien años, me alegra mucho por la sentencia, Carlos.

Corina Dávalos dijo...

Oye, que estás muy calladito...