miércoles, diciembre 21, 2011

Punto y seguido


Inesperadamente. Después de años de pleitos, de citas con el abogado, de dos juicios, de larguísimos meses de incertidumbre y de trabajo sin sueldo, de un despido luego declarado nulo… Después de todo eso ayer, inesperadamente, todo acabó y acabó bien. Después de tanto tiempo con la noche en la espalda, cuesta creer que la inseguridad y la injusticia —en esto— ya no son una amenaza. Tras una firma, un apretón de manos, abandonar un despacho y coger un ascensor, de vuelta a la calle: la vida real. La vida.

No pude entonces, ni siquiera, alegrarme. Después de tanto tiempo también eso resulta difícil. Me senté solo en la terraza de un bar y pedí una caña. Había que celebrarlo y empecé por convocarme. Me costó empezar a sentir, a sentir algo. Y sentí, primero, que tenía que hacer una llamada al pasado. Llamé a la viuda de un amigo a quien, de estar vivo, habría llamado en primer lugar. Y luego, una llamada al futuro, a un amigo que, aunque vivo, no está. Sentí que por una vez tenía que hacer exactamente lo que me dictaba el corazón: algo imprudente, tal vez temerario, quizá un error estratégico y una rendición. Pero lo hice, porque meses de distancia no acaban con una amistad fraternal. [Aunque Caín acabó con Abel]. Hemos quedado para comer mañana.

Para que existan estos días especiales han de abundar los normales y los malos. Puede que no merezca la pena, pero es así. Y punto. Punto y seguido.

2 comentarios:

Corina Dávalos dijo...

Espero que te haya ido bien en la comida. Ánimo, como decía Teresa de Ávila, todo se pasa...

batiscafo dijo...

Gran entrada, Carlos. Sin ropajes. La verdad desnuda. Y qué hermosamente contada. Enhorabuena por el fin de todas estas cuitas. ¡Feliz Navidad!